JUAN CARLOS BRACHO. AYYO

CÁPSULA DE COLECCIÓN
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bracho

AYYO, acrónimo de la frase “arquitectura y yo”, es el título de la obra que Juan Carlos Bracho ha donado a la colección del Museo Centro de Arte Dos de Mayo por su exposición celebrada en la sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid en el año 2020.

AYYO es un cajón desastre tan ordenado como caótico. En ella se han condensado, reformulado y transformado en nuevas obras y registros los restos de las experiencias acontecidas en torno a aquella exposición: las del propio artista, las compartidas con sus colaboradores, las de los participantes en el programa didáctico e incluso las del público.

AYYO se construye a partir de muchos de esos elementos que normalmente permanecen fuera del foco expositivo, así como deshechos y fragmentos derivados de los procesos de trabajo. Este conjunto conforma lo que Juan Carlos Bracho denomina con humor «basurismo», entendido como el rastro físico y simbólico de todas las etapas del desarrollo de un proyecto. A este cuerpo de materiales tan diverso, compartimentado y desplegado en las mesas, se suma la dimensión documental y los dibujos que el artista realizó para el montaje expositivo.

Desde la clausura de aquella exhibición en 2020, el artista ha estado revisando, catalogando y experimentando con todo ese material en su taller, y juntos se han preguntado: ¿qué sucede antes, durante y después de una exposición?, ¿cómo se articulan estos procesos y quiénes son sus agentes?, ¿qué roles y responsabilidades asume cada uno de ellos?, ¿de qué manera se exponen, cuantifican, ordenan, catalogan y difunden los resultados?, ¿se trata de un proceso cerrado?, y ¿qué permanece de todo ello: las obras, las experiencias, los conocimientos, los materiales o quizás los residuos?

El resultado es AYYO: un compendio que sintetiza seis años de trabajo reflexivo en su estudio —y, durante el último año, en colaboración con la Escuela de Artes La Palma y Esmeralda Martín Trigos—, dispuesto dentro y bajo las mesas, diseñadas inicialmente como elementos expositivos para los cuadernos de trabajo del artista, que se mostraban por primera vez al público. Junto a ellas se exhibe, de nuevo, la cartelería de sala que Bracho escribió a mano, ahora transformada en un libro de artista y unas lonas que, en el momento de la clausura de esta exposición, cubrirán la instalación. Este último gesto transformará todo el conjunto en dos esculturas a modo de maquetas arquitectónicas de gran escala.

AYYO encarna y materializa el registro más personal e íntimo del artista, ese que los cuadernos custodiaban: los procesos mentales privados, un imaginario estético y heterogéneo que encuentra afinidad con la idea de antiforma, entendida no ya como mera negación de la forma, sino como apertura hacia lo provisional y lo procesual: un territorio donde las intuiciones, los deseos, las ideas y los pensamientos adquieren presencia y se organizan sin renunciar a su condición fragmentaria y dispersa.

AYYO es, en definitiva, una pregunta abierta —que se desplaza de lo particular a lo colectivo— sobre el valor del trabajo y lo que implica pensar, producir, exhibir, difundir, conservar, coleccionar, disfrutar y reflexionar sobre los proyectos artísticos, y sobre las condiciones que los hacen posibles.

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