
Hablar de la obra de Ana Laura Aláez es adentrarse en el paraíso artificial de las apariencias. Un mundo donde los cánones son invertidos, las identidades son poliédricas y la ambigüedad es un valor. La obra que viene realizando desde principios de los noventa siempre ha deambulado entre realidades y ficciones, el cuerpo y sus representaciones, los objetos y el comportamiento frente a ellos.