El 2 de julio de 1970, en un escenario en Frankfurt la artista VALIE EXPORT se tatuó públicamente un liguero. Se trataba de una transgresión radical de los estereotipos de género –ya que los tatuajes en su época pertenecían al ámbito masculino de los convictos o los marineros– pero también de llevar al extremo el uso del cuerpo propio, ya que la acción artística se volvía parte de su cuerpo de forma permanente, con la duración de su vida misma.