Exposiciones anteriores
Emil Lime es una exposición de Esther Gatón comisariada por Cory John Scozzari. Este proyecto articula formas, técnicas e intereses frecuentes en la práctica de Gatón, como la construcción de entornos ambiguos, la ciencia amateur, los artificios visuales y las intersecciones entre feminidad y maquinaria, orquestándolos en una misma instalación.
El trabajo de Xabier Salaberria explora las formas en las que ciertas estructuras se comportan en espacios específicos, desnaturalizando su aparente neutralidad y cuestionando las categorías en las que convencionalmente se inscriben.
June Crespo entiende la escultura como un ejercicio que permite reunir cualidades aparentemente opuestas. En sus piezas participan por igual lo pétreo y lo perecedero, lo mecanizado y lo manual, o lo abyecto y lo sensual. La confluencia de materiales y motivos conforma un léxico que parece resolverse en una contradicción.
Fantasía, tacones, color rosa, descanso, prótesis, accesibilidad, ser la norma desviando la norma: ese es el universo de Costa Badía. En su producción reciente realiza piezas que, desde la crítica y la ternura, desconciertan los modos socialmente establecidos como normales.
Primera exposición individual en una institución desde el año 2003, para Jon Mikel Euba, la fascinación conceptual es la de "el hacer". Esta metodología implica trabajo colectivo, negociación y discusión permanentes que se ofrecen al espectador en una serie de gestos en el cuerpo del edificio desplazando la noción de escultura tradicional.
Travesuras maliciosas es el resultado de una investigación exhaustiva de la obra completa del artista Martin Wong para ampliar su narrativa y conocimiento al público europeo, que abarca desde sus primeras creaciones en la costa este de Estados Unidos hasta su trabajo de finales de los 90 antes de su muerte a causa del VIH/Sida.
Esta fuente está realizada a partir de una doble transformación de materiales procedentes de la naturaleza. Por un lado, el mármol –material por antonomasia de la escultura clásica–, es una pieza cortada previamente, que quizá sirvió de revestimiento en un primer uso industrial.
Mitsuo Miura, llegó a Barcelona procedente de Japón en 1966 con una maleta en cada mano y sin apenas hablar español. Con su tempo oriental se sentó en un banco de la plaza de Cataluña a mirar atento el ritmo de aquella ciudad con mar. Desde entonces, el joven artista japonés no dejaría de observar cada uno de los paisajes que han acompañado su experiencia vital. De ahí que sus exposiciones se puedan interpretar como invitaciones a la contemplación y al desplazamiento, casi siempre, relacionadas con el bienestar, la memoria y el placer.
Entre las intervenciones artísticas derivadas de los ejercicios de acupuntura arquitectónica puestos en marcha en el otoño de 2016, Dora García realiza una exposición que se formaliza como una nueva señalética, una intervención permanente que afecta a todos los espacios del centro.